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Entre adolescentes Abril 11, 2009

Posted by giselgh in Aprendizaje, Educación, Personal.
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Las columnas semanales de las revistas tienen su qué y su aquél. Toda columna que se precie necesita de la existencia de una palabra o frase clave que resume, define o realza el resto del texto.

 En el caso de la columna de Bárbara Alpuente titulada “Adolescentes” y publicada en el número 205 de la revista “Yo dona“, la frase aparece al final:

“La edad adulta también”.

 Con esa frase como eje central titulo “Entre Adolescentes” este pequeño invento que no es otro que el de bailar un “agarrado” con “Adolescentes”, esto es, intercalar entre el texto original otro nuevo de mi invención. “Entre Adolescentes” es mezclarme con el original, mirando desde otro punto, viendo ese adulto que teme fracasar, que los mira con cierto temor y que se ve obligado, no se sabe si sin quererlo o no, a convivir entre ellos.

Aquél que desee leer exclusivamente el texto correspondiente a la columna de la revista deberá solamente leer los párrafos marcados como ba.

Aquél que desee leer exclusivamente el texto correspondiente a la invención adulta prescindiendo del texto original se servirá de leer nada más que los párrafos marcados con gh.

Por último habría una tercera forma de lectura, secuencial en este caso, saltando de una entidad a otra, como un diálogo, como un pequeño baile que deriva todo junto a la frase de obligado recuerdo “La edad adulta, también.”

Este es mi “Entre Adolescentes” con el permiso de Bárbara Alpuente.

ba

Quiero dedicarle esta columna a todos los adolescentes (en especial a Diego). La adolescencia es la peor etapa del ser humano. Desde fuera, les vemos como seres arrogantes, impetuosos, vagos o egoístas. Desde dentro uno siente que el planeta va a estallarle en su interior, sus hormonas han tomado las riendas de su vida y se encuentra frágil e invencible en un mismo segundo. Odias a tus padres. Ellos representan todo lo que te irrita. Te dicen constantemente lo que tienes que hacer, no entiendes el estado que atraviesas y, lo peor de todo, te han traído a este mundo. <<¡Yo no te pedí nacer!>> es la frase más utilizada entre la adolescencia.

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Me dice que nunca fue a una escuela de padres, que nadie le enseñó, ni por asomo, la más mínima regla universal que pudiese aplicar a los hijos. Siempre ha estado improvisando, a salto de mata dicen algunos, mientras recoge lo que va sembrando. ¿Vas a perder el empleo? Si, claro, por la crisis. El caso es que siempre comenta su falta de tiempo. Debería estar concentrado en su negro futuro ya que supera los cuarenta y de ordenadores, más bien poco. Pero debe prestar atención a su “hijo”. <<¡Yo no te pedí nacer!>>, repite el maldito.

ba

Yo empecé a hacerle la vida imposible a mi madre a los 14 años. Discutíamos por cualquier cosa y terminaba gritándole barbaridades con todo el odio que tenía dentro, que era mucho. Mi madre aguantaba el tirón y me dejaba sola en el dormitorio, esperando que se me pasara la rabieta. Y entonces yo lloraba desconsolada y arrepentida sobre mi cama, sintiendo un calor que recorría todos los rincones de mi cuerpo, como si me fueran a estallar las entrañas.

gh

Ha dejado de fumar. Creía que esos nervios se debían a la falta de nicotina. Yo tampoco fumo pero creo que hay un problema adicional. Ya no es un rumor. Van a cerrar la empresa. Piensa que no va a tener tiempo para dedicarle. Le grita y gesticula de forma exagerada como si de esa forma pudiera ahorrar tiempo. Al principio puede parecer  que así es. Las discusiones acaban rápido cuando un pequeño cuadro histérico se manifiesta. Pero luego viene la resaca. Esa horrible resaca que no le deja vivir a uno y que hace que vaya a su habitación a pedirle perdón y no se qué más explicaciones relacionadas con lo difícil que es todo y que hemos de calmarnos para ver las cosas con mejor horizonte.

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Es como si en un solo cuerpo se hubieran congregado los espíritus de varias personas y tú intentaras descubrir cuál de ellas eres. Intentáis reafirmaros en vuestra individualidad y, por otra parte, necesitáis desesperadamente pertenecer a un grupo. Sentís el terror al abandono, a que se rían de vosotros, a que no os quieran, a que os paren en la puerta de una discoteca para deciros <<tú no entras>>, frente a las miradas inquisidoras de otros adolescentes que, aunque no lo muestren, sienten el mismo terror que vosotros. No os importa lo que estudiáis, no entendéis el valor de lo que intentan inculcaros e intuís que aquellos que os instruyen, tampoco.

gh

Se tiene que reciclar, reinventarse. Dice que se va a aplicar un Expediente de Regulación de Empleo a sí mismo. Es el de más edad de la clase. Quien le iba a decir que a los 48 años volvería al colegio, como si fuera un niño debutante. Se siente avergonzado pero calla. No le entiendo. Claro, yo sé de ordenadores, él no. Oculta su condición a pesar de que sabe que si presenta su carnet de parado le harán descuentos en los museos, en los zoológicos, en muchas zonas públicas. Pero no tiene mucha ilusión para ello. Va a la Oficina de Empleo de tapadillo, con cierta nocturnidad, para que nadie le vea. Al final me comenta que ha contratado a un detective, ¿para qué? Le pregunto inocentemente.

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Escucháis constantemente que la vida está difícil, que hay que asegurarse un futuro, y vosotros pensáis que bastante tenéis ya con sobrevivir al presente. Os aconsejan que os hipotequéis la vida <<por lo que pueda pasar, por si acaso>>, frases que jamás se os habrían ocurrido, ni falta que os hace. Se trata del pánico adulto inyectado progresivamente en las venas adolescentes para que algún día estéis tan acobardados como nosotros.

gh

Dice que no tiene ni idea de nada de lo que hace, ni con quien va. Le informaron de un detective bien de precio. Es muy joven y puede pasar desapercibido. Teme saber cosas inconfesables. Le pregunto si se lo ha dicho. Me dice que no, que los detectives trabajan en el anonimato y que el espiado nunca sabrá que lo ha sido, para volver, después de encender otro cigarrillo, a su tema, a su subsidio, que por cierto ya ha empezado a cobrar, y a su nueva vida. Dice que debe renacer, que no hay alternativa y que no sabe que decirle ahora que él también es un mal ejemplo. ¿Qué se es entonces si no un mero fracasado a punto de cumplir los 50 y con el miedo del peso de la hipoteca sobre los hombros?

ba

Os animarán a conseguir trabajo fijo, casa propia, pareja estable y una vida cómoda y sin sobresaltos. Nadie os contará que todo eso no funciona, quizá tengáis que venir vosotros para demostrarle al mundo que se puede vivir de otra manera, de muchas maneras, aunque todavía no sepáis cuales. Os enseñarán a ser buenas personas, buenos ciudadanos, buenos compañeros, buenos hijos. ¿Quién? Probablemente, muchos de los que no hemos conseguido ser ninguna de esas cosas. Os acusarán repetidamente de no interesaros por nada y ni siquiera ese discurso os interesará lo más mínimo. Todos quieren lo mejor para vosotros, nadie lo duda, pero ¿cómo puede saber otro lo que a ti te conviene? la edad adolescente es abrumadora, confusa, llena de interrogantes e inseguridades, contradictoria y perturbadora, pero tranquilos… la edad adulta también.

gh

Le he dicho lo que debe decirse en esos casos. Le he cargado las baterías. Me ha jurado que se acercará a él y le ofrecerá todo un gran sermón. Querrá ser su amigo, disimulando las cosas que ha descubierto, temiendo que se dé cuenta de sus inseguridades. Todo eso sé, por supuesto, porque yo pasé antes que él por ahí, mientras se arrepiente de no haber tenido una época gamberra, siendo siempre, desde muy joven, tan buen ciudadano. Y le abraza, ya que no desea volver a la juventud. ¿Para qué? “La edad adulta, también”. La jubilación andará cerca y podrá hacer todo lo que desee. Y lo mirará pensando que todavía no se ha dado cuenta. Desea cumplir los 18 años cuanto antes para poder hacer lo que le venga en gana. Sí. Ignora que “la edad adulta, también”

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