La fábrica abandonada Febrero 22, 2009
Posted by giselgh in Empresa, Historia, Mente, Personal.trackback
Las fábricas vacías por fin de actividad hablan con su silencio de pasados más gloriosos.
Las más grandes, con sus calles de malas hierbas recién nacidas, invitan a su paseo con la imagen detenida y el sonido de su ayer.
La visita en soledad de una fábrica abandonada relanza sobre mí la nostalgia del pasado y sus recuerdos que afloran con esplendor.
Las chimeneas, orgullosas en su decadencia, me invitan a sentir las emociones como unos fenómenos muy íntimos que me acompañan desde el principio de los tiempos y que están orientados hacia la acción. Eso es la teoría, ya que en ocasiones, mediante la evocación, los sentimientos afloran sin que tenga que hacer nada al respecto, sólo sentirlos.
La acción hacia la que me conduce una fábrica vacía es poca, marcada por el gris del suelo sucio y de las salas inmensas de soledad que permiten el paso del viento, del frío, por sus cristales rotos de cualquier manera.
El control correcto de las emociones no implica su represión y censura si no su aceptación y convivencia. Uno puede sentir en un momento toda la fuerza de la opresión de unos encargados de planta obligados a reportar más y más producción a los Directores y Propietarios o la de unos obreros enfermos de justicia en su más incipiente lucha de clases. Esos sonidos retumban por las paredes de los edificios que claman con orgullo su buen estado.
Una vez sentado sobre la capa de polvo, los sonidos del dolor se mezclan con la pasión de conocer su origen. Reconforta que, muchas fábricas abandonadas, reciben nuevos visitantes en forma de grupos de teatro, artistas y cursos de mejora personal. Como los talleres de control de las emociones. Primero soy consciente de su existencia y luego aprendo a sentirlas con sana neutralidad. Sólo así puedo hacerme cómplice de la fábrica abandonada. Sólo así descubro que no da lástima si no que gime de orgullo cada día al ver el constante ir y venir de los artistas debutantes que sueñan algún día, por qué no, tener un estudio propio en la misma fábrica que los vio crecer.
Compañía Anónima Hilaturas de Fabra y Coats






Muy interesante el escrtio, en lo personal entiendo eso de:
“Las fábricas vacías por fin de actividad hablan con su silencio de pasados más gloriosos.”
Definitivamente hay un sentimiento al ver fabricas que antes estaban llenas de vida y años despues solas, con plantas creciendo por entre el cemento, y un espacio vacio que antes ocupaban obreros, maquinas, carros, etc.
Especialmente cuando uno estuvo alli por distintas razones.
Hola Joaquín.
Es cierto. Las fábricas abandonadas ya no son pero fueron de tal forma que parece que estés reviviendo todo lo que allí aconteció. Es uno de los lugares mágicos de la actualidad. Parece que cualquier cosa pueda ocurrir dentro del recinto.
El mundo del cine ha utilizado´muchas veces esos lugares conscientes de su gran potencia evocadora.
Saludos.