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El Bosco, Dalí y los camareros de Madrid. Marzo 24, 2008

Posted by giselgh in Historia, Mente, Personal, Pintura.
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Camarero en Madrid. Acerca de la seduccion.  Uno hace la cola del taxi que le llevará a casa con los últimos recuerdos del viaje recién hecho. Aquellas memorias recientes que más le han llenado o llamado, aquellos seres anónimos que se han cruzado en nuestra vida reciente.

Después de un breve viaje a Madrid, algunas informaciones visuales prevalecen sobre otras. La majestuosidad de la Plaza Mayor que parece que uno nunca pueda acabársela. Los camareros de chaqueta blanca y pajarita que te invitan a sentar en la terraza del bar en la que trabajan. Elementos de un pasado olvidado en la mayoría de ciudades, donde quien te sirve ya viste de cualquier manera, cómoda por cierto, y con aire de no ir la cosa con ellos. Muchos son trabajadores temporales que esperan y esperan a su triunfo personal mientras sirven bebidas y tapas a los clientes.

En la Plaza Mayor, y en el paraíso de las letras que representa el Café Gijón de Recoletos, los camareros visten impecables, con sus hombreras rojas que destacan sobre el blanco de la chaqueta. Según como, hasta te pueden dar conversación, se espera que inteligente, o ácida según se tercie. Estos seres de blanco y negro que te inducen a los placeres mundanos, a esa bebida,  a ese plato de comida que juegue con tu gula, para poder observar el panorama de doncellas que por allí se muestran, con la lujuria contenida del viajante ansioso de sensaciones, representan a mi pesar una especie en extinción.

Los camareros del Museo del Prado son, al contrario que los clásicos, de corte moderno, prendas negras y estilizadas, como si de un restaurante de último diseño se tratara. Ellos tienen aquí otro tipo de reto: organizar la alimentación de una gran cantidad de comensales. Para ello hacen uso de los métodos modernos de producción. Se intenta reducir al máximo los tiempos de espera mediante la colaboración entre todos ellos. Uno marca con los dedos tamaño y mesa que ha quedado libre mientras otro nos acompaña a su conquista.

Los consumidores moderados del pecado terminan su consumición y siguen su periplo por las salas del Museo hasta llegar a la sala donde se encuentra El jardín de las delicias de El Bosco. Es la obra maestra del pintor y con una carga moralizante más allá de lo soportable. La parte central del tríptico representa el mundo cotidiano comandado por los placeres más terrenales, lujuria mayormente. excepto un personaje, el resto está uniformemente desnudo, como los camareros madrileños, con otro tipo de desnudez, pero invitando a los pequeños placeres de la vida.

Uno se marea de ver tantos desnudos. Algunos intentan explicarlo  por la pertenencia de  El Bosco a una secta, los adamitas, que defendían el nudismo.

Cuando termino de comer observo que la camarera que va marcando las mesas libres se fija de nuevo en mí. Recuerdo la ilusión conque me acerqué al comedor, lleno de perspectivas y sueños, embelesado por el movimiento grácil de las camareras de prendas negras, siendo una de ellas la que se acercaba a la cola preguntando si todos teníamos intención de comer. Así podía optimizar al máximo las colas: una para tomar algo, un café, un refresco, y la otra para comer por completo. Como el ala izquierda del tríptico en el que son presentados Adán y Eva, con todo por hacer, con el estómago vacío.

El tenerlo todo por hacer tiene también su encanto, su magia, no hay arrepentimiento, no ha habido todavía errores.  A Dalí le pasaba algo similar en el momento en que lo tenía todo por hacer. Era la época en que todavía no había creado la careta que le ocultaría su timidez y que le iba a acompañar de por vida. Así también miró con interés el lateral izquierdo del cuadro de El Bosco, por tenerlo todo por hacer. Y se encontró.

Pudo verse Dali en este fragmento del jardin

El gran masturbador podria beber del Edén de El Bosco

 

¿Vio ojos rasgados y un bigote retorcido hacia  arriba? Dicen que una noche, con su esposa Gala en el cine, tuvo un arrebato de pasión, origen del cuadro “El gran masturbador” que lo representa y que, curiosamente, se parece mucho a la porción del Edén que El Bosco pintó hacia el 1500.

 Dos fuentes importantes de Dalí (Surrealismo y Psicoanálisis) también lo son de El Bosco (solo que varios siglos antes). El pintor ampurdanés llegó a decir que El Bosco fue el primer surrealista y Carl Jung lo apuntaló otorgándole el descubrimiento del “Inconsciente“.

Salgo del restaurante del Museo del Prado con caminar lento. Mi estómago repleto embota mis ideas. ¡Me siento tan terrenal! Temo haber sucumbido a los placeres mundanos. Recuerdo el tablero derecho del tríptico de “El Jardín de las Delicias”. Se trata del infierno. Es lo que nos espera si nos abandonamos al placer. Esta parte del tríptico podría haber pasado sin ningún problema por un cuadro de Dalí. Es obvio el copiador y el copiado.

Infierno de El Bosco. Como si de Dali se tratara

 

Ha anochecido. Los camareros vuelven a tentarme. Pero sigo con las secuelas de la comida. Tendrán que esperar.

Comentarios»

1. Poio - Marzo 25, 2008

Tengo que aceptar que soy muy poco conocedor de pintores. Al Bosco no lo tengo y a Dalí lo conozco por los almanaques. Y eso que empecé una vez la carrera universitaria de Dibujo y Pintura. No pasé el curso de ingreso precisamente por eso: yo me crié con la historieta y los comics, y mi idea era estudiar arte para mejorar mi dibujo. Se ve que los profesores no consideran artístico el dibujo de historieta.

sevemos

2. giselgh - Marzo 25, 2008

Bueno, hubo una época de esnobismo que se tildaba al cómic como arte menor. Pero creo que eso pasó a la historia. Aunque reconozco que siempre debe haber una buena historia detrás. Guionistas al poder entonces.