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Museo de la enfermedad mental Noviembre 7, 2007

Posted by giselgh in Mente.
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Ruptura y realidad Como recuerdo de un pasado no tan lejano, en la ciudad norteamericana de Williamsburg existe un museo singular, que esboza ligeramente una pequeña historia del tratamiento de la enfermedad mental a lo largo de la historia.

Hubo una vez un planeta, el nuestro, en el que hablar de enfermedad mental era hablar de pecado, muerte, prácticas satánicas y cadenas. Darse un paseo por la tétrica Edad Media es quedarse maravillado por la facilidad y simplicidad con que se hacían los diagnósticos. Epilépticos y demás problemas neurológicos eran mezclados y catalogados por igual a esquizofrénicos, retrasados; y generalizado a cualquier individuo que no estuviese a la altura del sistema.

<<En 1773, el nuevo hospital público de Williamsburg llegó a ser la primera institución dedicada a enfermos mentales en las colonias británicas de norteamérica. Allí iban a parar la mayoría de individuos con “conducta extraña”.>>

<<Estudiar el día a día del hospital de Williamsburg es constatar que se trataba más bien de una prisión en la que se aparcaba a los sujetos “indeseados”. Lo lamentable es que ingresar en ella era estar de suerte, por su ejemplaridad (en el país de los ciegos…)>>

<<Había solamente un paso entre la cárcel y distinguir una enfermedad mental en una conducta criminal dice el historiador hospitalario Shomer Zwelling.>>

<<Quizás lo más asombroso es que a pesar de la crueldad y tortura inflingida en esos pacientes, algunos realmente mejoraban. La filosofía era que esa gente escogía estar enferma y necesitaba ser convencida de lo contrario.>>

Cama de protección

<<Con recursos disuasorios como la cama de protección (una caja del tamaño de un ataúd con una pesada tapa, jugaba un gran papel en el tratamiento. Y Zwelling insiste que la famosa “silla tranquilizadora”  no es tan terrorífica como sus correas, cabeza inmovilizada y perola en la cabeza. “Mirando el dibujo, y la silla en sí misma pensé que era  una experiencia parecida a la cámara de los horrores. Pero  cuando me senté en ella, de hecho era muy confortable.>>

Silla Tranquilizadora 

El hospital Williamsburg aceleró su modernización en el siglo XIX de la mano del Dr. John Minson Galt. Bajo Galt, los pacientes eran tratados con amabilidad y vivían con relativo confort. Los animaron a aficionarse con nuevas actividades como la música.

Galt intentó la hipnosis e incluso una primitiva terapia de grupo, pero al final,  irónicamente, se suicidó.

El hospital originario en Williansburg ardió en 1885, antes del desarrollo de la psicoterapia o de medicamentos efectivos en el tratamiento de la enfermedad mental. Pero no  importaba el momento, el problema era el mismo.

<<Siempre estamos persiguiendo el sagrado grial de intentar curar o modificar la enfermedad. dice Kenneth Gorelick del hospital de St. Elizabeth y nosotros nunca tenemos los medios para lograrlo satisfactoriamente.>>

Durante la I Guerra Mundial, la clasificación de individuos según sus cualidades psicológicas obtuvo un gran impulso debido a la necesidad de optimizar al máximo los puestos de combate.  Aquí, por supuesto, no hemos estado en ningún momento ajenos a lo ocurrido fuera de nuestras fronteras.

El panorama actual no es muy halagüeño visto así fríamente, por lo que necesitamos compararlo a un cercano pasado para sentirnos algo reconfortados. La terapia ocupacional es un invento muy reciente. En nuestro país, mediado este siglo, existía un abismo legal en cuanto a que un enfermo pudiese cobrar por un trabajo que realizase. Sin embargo, las francas mejorías observadas por todos aquellos que con una gran suerte han conseguido salir del estado vegetativo en los que los hemos tenido inmersos durante toda la historia hace que se siga en esta acertada línea con gran fuerza.

En cuanto a los psicofármacos, también debemos mirar al pasado para intentar sentir algo de satisfacción, ya que efectivamente es  mejor su situación ahora que hace 20 o 30 años, pero estudiados objetivamente sin referencia a algo, ofrecen una imagen pobre.

No hace falta ir a ningún museo como el de Williamsburg para ver “objetos” de un pasado más o menos olvidado. El electro shock, por ejemplo, de gran abuso hace años, sigue utilizándose en aquellas depresiones en que todo ha fallado aunque se hace en voz baja dada la mala prensa que tiene a nivel popular. Y sin embargo, dicha terapia obtiene sustanciales mejorías en los casos perdidos.

Lo lamentable es que no se sabe el por qué.

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