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Molestias y ruidos Noviembre 1, 2007

Posted by giselgh in Empresa, Mente, Personal.
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Ruidos y Molestias

El conductor del Renault blanco ha frenado con un gran estruendo. Delante había otro vehículo, oscuro y de marca indefinible. De pronto, y seguramente con la cara enrojecida por la ira, el del blanco ha activado el claxon, diez, treinta segundos, cuarenta.

Durante ese tiempo, ha trasmitido su enfado por medio de su coche. Yo me encontraba muy cerca. Después de tantos segundos de escuchar el pitido, inmutable y perseverante, me he sentido un tanto exaltado y nervioso. He mirado con malos ojos al vehículo indefinible, sintiendo cierta ira también por aquel conductor que había provocado ese espectáculo de claxon en versión monólogo.

Sin darnos cuenta la mayoría de las veces, nos vemos inmersos en la vida cotidiana con un compañero que puede llegar a hacernos la vida más agradable, o molestarnos  sobremanera. El  ruido condimenta nuestras acciones y conocerlo un poco  lo hará  más
aprovechable.

Como experiencia auditiva y casi siempre no deseada, el  ruido no tiene nada que ver, o no nos da información pertinente a la actividad que estamos desarrollando. Y si da  información, no es muy bien recibida. Una vez detectado puede influir en nosotros en dos ámbitos:

señal normativa

- En el ámbito puramente fisiológico (aceleración general)

- En el ámbito psicológico. Como siempre que comentamos estos aspectos, tenemos la dificultad añadida de la subjetividad con que cada individuo puede vivir el fenómeno.

Supongamos que soy un profesional de la construcción con licencia para hacer todo el ruido que desee pues me han contratado para realizar una serie de mejoras en un edificio de oficinas. Si lo que quiero es molestar al máximo al personal, debo tener claro que el ruido debe tener las siguientes características:

- Cada intervalo de ruido debe ser de duración diferente.

- La víctima no debe en ningún momento predecir el momento en el cual va a comenzar.

- Su aparición debe ser inmediata olvidándonos de intensidades escalonadas.

- Y por último, ha de ser como mínimo un sonido no asociado a ninguna experiencia anterior, mientras más extraño sea más molestaremos.

El trabajar con ruido no es imposible, si bien es cierto que nuestro cansancio se  manifestará mucho antes que si lo hacemos en situación de silencio.

El grito Tengo la suerte de trabajar en un lugar rebosante de amplias ventanas que dan a  exteriores espaciosos, si bien es cierto que son exteriores de tráfico rodado. Normalmente soporto mejor el frío que el calor, por lo que siempre que puedo mantengo las ventanas abiertas. Sin embargo, existen situaciones en que trabajar con cierto ruido es necesario. Está indicado por ejemplo, en aquellos días en los que a pesar de ser laborable, nos vamos de copas y dormimos muy escasas horas (una por ejemplo). Al día siguiente, con ojos enrojecidos, intentamos realizar nuestra actividad laboral lo mejor que podemos. Deberemos buscar ruido donde sea. Pensad sino que pasaría si nos refugiamos en un archivo en el que no hay nadie y no se oye el sonido del vuelo de una mosca.

Otra indicación del ruido viene dada para suplir la caída del rendimiento ligada a la edad.

Casi siempre es imposible trabajar sin este infatigable compañero por lo que no estará de más saber como podemos paliar en algo sus consecuencias nocivas:

Ante los ruidos no predecibles y no controlables no cabe sino procurar informar sobre la posibilidad de aparición mediante algún tipo de señal luminosa o auditiva.

En cuanto a los sonidos intermitentes, es mejor añadir un ruido ligeramente superior pero continuo, que seguir con tan fatal intermitencia. La intermitencia es la más letal de todas las características para nuestro rendimiento. Nuestro organismo debe estar constantemente realizando una adaptación a ruido y no ruido que implica demasiada fatiga.

Y si pensamos que el cese inmediato de una actividad altamente ruidosa es beneficiosa, estamos equivocados. Ese alivio que notamos súbitamente nos impide seguir con nuestro rendimiento anterior, pues nos concentramos en el placer del alivio. si se puede escoger, debemos solicitar al ruidoso en cuestión que termine de forma continua y bajando la intensidad lentamente. Así casi ni notaremos que ha terminado el suplicio y no habrá
ninguna parada en el trabajo. (Es lo menos que puede hacer el sujeto perturbador).

De cualquier forma, no todos los ruidos son desagradables. Hace ya tiempo que descubrí uno en concreto, de textura exquisita. Me refiero a los humidificadores que se venden para bebés. Teóricamente su uso es el de permitir respirar mejor a los niños en procesos gripales o resfriados. Viene a ser la olla de vapores de la abuela pero en versión moderna. Si tenéis ocasión de experimentarlo, hacedlo. Lo llenáis de agua, lo enchufáis a la corriente y a los pocos segundos comienza el suave espectáculo de ligeros sonidos de vibración acompañados de sonidos vaporosos del agua gaseada al exterior. Lo malo, es que
pasadas unas horas encontraremos el despacho con un índice de humedad escandaloso. Espero que fabriquen alguna vez un dispositivo parecido que genere el “ruidito” al que me he referido pero sin emisión de vapores. A lo mejor ya existe.

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